Amigos (una historia de ficción)
Si escribiera un libro sobre los amigos que he tenido a lo largo de mi vida, seguramente se vendería en la misma estantería que los de Isaac Asimov. El grado de ficción que me vería obligado a utilizar para componer una obra de más de un párrafo sería desmesurado, y es que yo, misántropo por convicción y obligación a partes iguales, nunca he tenido un verdadero amigo.
La historia que cuenta el porqué de esta situación se remonta a mi infancia, un periodo que en realidad no es muy diferente del que vivo ahora. Temeroso del mundo, el pequeño yo se escondió en su habitación huyendo de los malvados que pretendían vejarlo, deporte oficial de los niños de todas las épocas. Poco a poco ese chavalín se dio cuenta de que el hogar resultaba muy acogedor, y mientras los demás salían a la calle, jugaban al fútbol, se raspaban las rodillas y, en definitiva, exprimían el mundo como una naranja sacándole todo el jugo que sus pequeños brazos les permitían, él miraba por la ventana, y los veía allá a lo lejos, cubiertos de un lejano azul.
Supongo que me acostumbré a ese estado de enclaustramiento, y con los años no lo he abandonado. La consecuencia más grave de todo esto es que actualmente soy incapaz de mantener una relación estable con una persona. Hacer amigos no me es difícil, cuando emprendo algo nuevo en mi vida, conozco gente nueva y normalmente suelo caerle bien a varias personas, pero el problema viene después, cuando llega el momento de mantener la amistad. Quizá soy demasiado exigente con las personas, aunque no ha habido nadie que no haya recibido de mí una segunda oportunidad. He llegado a la conclusión de que el problema soy yo, no estoy acostumbrado a las personas y las personas no están acostumbradas a alguien de mi calaña, de modo que resulta comprensible que me encuentre solo, con un contador de amigos vacío.
Pese a todo, aún mantengo la esperanza, pese a que Morrissey cante aquello de "No true friends in modern life". Algún día llegará alguien con el que pueda ser yo mismo, y él pueda ser él mismo y no haya ningún problema. Espero que sea pronto, porque el tiempo se agota y la vida pasa delante de mí, enseñándome el dedo corazón. Supongo que debería hacer como Kurt, y alegrarme por encontrar amigos en mi cabeza…
